Mostrando entradas con la etiqueta Socialismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Socialismo. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de agosto de 2009

Izquierda Socialista apuesta por una defensa de los derechos de los trabajadores

Izquierda Socialista apuesta por una defensa de los derechos de los trabajadores y por regular el sistema financiero
Cree que la posición negativa del PSOE sobre el informe Auken y el voto afirmativo a la directiva del retorno "confunde" a los votantes
La coordinadora de la corriente Izquierda Socialista del PSPV apuesta por realizar una mayor defensa de los derechos sociales y económicos de la ciudadanía y, en particular, de los trabajadores. Asimismo, considera que "el socialismo se juega su credibilidad en el efectivo énfasis que ponga en la necesaria, real y eficaz regulación del sistema financiero y en la decidida erradicación de los paraísos fiscales".

Éstas son algunas propuestas para el debate aprobadas hoy por el colectivo, que analizó y debatió la situación política creada a raíz de la "derrota" que sufrieron los socialistas en las últimas elecciones europeas, que se celebraron el pasado 7 de junio.

En el escrito de conclusiones, que tomarán como punto de partida para una reflexión sobre el futuro del socialismo en Europa y en España y que culminará en septiembre con unas jornadas de debate a nivel de Estado, la coordinadora considera una "paradoja" que "la derecha europea haya ganado las elecciones en plena crisis global provocada por el neoliberalismo económico y el neoconservadurismo político y, sin embargo, los partidos socialistas y socialdemócratas europeos no hayan conseguido levantar en las urnas una propuesta alternativa de cambio".

Izquierda Socialista señala que "la posición negativa del PSOE y de los eurodiputados socialistas españoles sobre el informe Auken relativo al impacto de la urbanización especulativa, así como el voto afirmativo a la Directiva de Retorno, ayudaron a confundir a una parte de nuestro electorado".

Para el colectivo, "la pluralidad de la izquierda en Europa debe obligar al Partido Socialista Europeo (PSE) a replantear su estrategia sobre la base de la necesidad de conjugar esa pluralidad política y social".

En este sentido, cree conveniente que exista una colaboración "eficaz" con las fuerzas de la izquierda política y ecologistas distintas de las agrupadas en el PSE "para hacer frente a las derechas, hoy por hoy hegemónicas en el seno de la Unión Europea. La socialdemocracia y el socialismo europeo sigue siendo la fuerza".

Asimismo, la corriente socialista subraya que desde los partidos socialistas y socialdemócratas europeos "ha de proseguirse la crítica a las políticas neoliberales que han socavado al Estado de bienestar, con especial atención a las intenciones privatizadoras en sanidad, educación o pensiones a través de las cuales el neoliberalismo trata de perpetuarse incluso en medio de la crisis que él mismo ha provocado".

"DESPOLITIZACIÓN" DE LA ECONOMÍA

"Se hace frente a la ideología neoliberal insistiendo en que la supuesta despolitización de la economía que la derecha preconiza, no significa otra cosa que mantener la acumulación de la riqueza en pocas manos incrementando las injusticias y desequilibrios sociales", añade.

Por otra parte, señala que para que el socialismo "siga siendo motor de cambio y transformación tiene que pasar a la ofensiva en lo relativo a nuevos derechos y conquistas sociales: responsabilidad social corporativa, participación de los trabajadores en las decisiones económicas, potenciación del accionariado asalariado, protección de consumidores y usuarios y acceso a los servicios públicos de calidad", entre otros.

Al respecto, Izquierda Socialista apunta que "frente a las recurrentes propuestas de cuño neoliberal sobre la reforma laboral, moderación salarial y abaratamiento de los despidos, la izquierda en general y los socialistas en particular han de hacer valer todas sus razones en torno al diálogo social, mantenimiento del empleo, necesidad de un nuevo modelo productivo y de crecimiento, innovación, formación y redistribución de la riqueza como claves para la salida a la actual crisis económica".

Entre las propuestas de la formación, también se señala que "la coherencia del proyecto socialista requiere formular y ejecutar una buena propuesta de economía sostenible, en el doble sentido de sostenibilidad social y sostenibilidad medioambiental".

El objetivo es "establecer un nuevo modelo de desarrollo cualitativo basado en el uso racional de recursos, innovación, educación y solidaridad". Así, el colectivo entiende que "la idea de economía sostenible es la que ha de inspirar también la cooperación internacional para el desarrollo".

viernes, 31 de julio de 2009

A LAS JUVENTUDES SOCIALISTAS DE GUADALAJARA

Madrid, 11-7-1925

A la Juventud Socialista de Guadalajara.

Queridos correligionarios: Muy de veras agradezco, vuestro cariñoso saludo, celebro infinito que hayáis constituido la Juventud Socialista en esa capital, y me siento altamente satisfecho por la decisión que mostráis de trabajar infatigablemente por nuestros redentores ideales.

Para los buenos luchadores nunca hay tiempos malos. Siempre se puede pelear, siempre se puede batir el error y abrir paso a sacar triunfante la verdad.

Eso espero hagáis vosotros, acreciendo ahí el número de Socialistas y logrando que el diario de nuestro Partido tenga buen número de lectores.

La tardanza en contestar a vuestras muy sentidas palabras, ha sido debido a lo precario de salud.

Os abrazo con todo cariño quienes vuestro y del Socialismo.

Pablo Iglesias."

Publicado en la página 181 del libro "El movimiento Obrero en Guadalajara (1868 - 1939)" de Enrique Alejandre, Fundación Federico Engels 2008.

miércoles, 22 de julio de 2009

SOCIALISMO LIQUIDO

SOCIALISMO LÍQUIDO

Manuel Mata.

Cada día tiene su afán, también cada año, cada generación, cada situación. Zygmund Mauman nos ha convencido de que "el olvido es condición del éxito". Podemos creer en ello.

Frente a la mayor crisis a la que se enfrenta el capitalismo como ideología dominante, Bush se atreve, sin pudor, a olvidar y proclamar que "ha abandonado los principios de la economía de mercado para salvar al mercado".

El socialismo democrático ha demostrado en toda su historia su flexibilidad, volubilidad, que es “líquido”, que nada se enraíza. Sus líderes han renunciado al pensamiento cuando lo han estimado conveniente y a la planificación a largo plazo. Ahora es el momento de demostrar su “liquidez” y cuestionar principios que parecían inmutables de convivencia con el capitalismo.

Cuando en 1998, Fukuyama en su conferencia en la Universidad de Chicago, proclamó el fin de la historia, no como el fin de las ideologías, sino como la victoria sin paliativos del liberalismo político y económico. La crisis de 2008 demuestra que se ha reabierto el libro de la historia que Fukuyama cerró de sopetón y debemos recuperar el protagonismo que nos arrebataron.

Es el momento del "Socialismo con alma". Giddens nos advertía a finales del 2007 que la división izquierda derecha tiene sentido, que una persona de izquierdas cree en el progresismo (influirá la historia para mejorarla), la solidaridad (nadie excluido), la igualdad (luchar contra la desigualdad es bueno para todos) y la modernización. Ahora hay modernizadores de derechas (Sarkozy) que aprovechan las crisis del capitalismo para distanciarse y resituarse.

Tampoco hace mucho que André Compte-Sponville recordaba que "La economía de mercado no es suficiente para crear una civilización". No es tanto que el mercado sea muy bueno, como él cree, y que debe ser modulado por el Estado, es que sin control del Estado el mercado no es tal, los señores de la guerra financiera campan a sus anchas y en su lucha de guerrillas por alcanzar la colina de la riqueza, son capaces de arruinarnos.

En septiembre de 2007, mucho antes de que la crisis ni siquiera se intuyese, José Vidal Beneyto nos daba una visión terrible del momento que vivíamos que conviene recordar: En Francia cerca de 7´5 millones de personas (12% de la población), entre ellos 2 millones de niños viven por debajo del umbral de la pobreza. Los pobres son cada vez más pobres pero como los ricos son cada vez más ricos, las estadísticas globales de la riqueza se equilibran. Municipios de alto nivel social prefieren pagar las multas legales por no construir viviendas sociales que hacerlas (p.ej. Neully-Sur-Seine). Al ser el dinero el único patrón hay hipercrecimiento de las multinacionales. Exxon es más rica que 182 países de la ONU. Más de 1/3 del PIB mundial lo poseen las 100 primeras empresas del mundo.

Entre 1936 y 1975 los ricos eran el 1% de la población y tenían el 5% del PIB en USA. Hoy han elevado su participación un 20%. Bolsas de valores manipuladas, cotizaciones amañadas, contabilidades trucadas, PDGs truhanes. Estados cómplices, en la UE hay seis estados que son paraísos fiscales.

Los más fuertes duran y prosperan, los otros desaparecen.

Nos decía que “proponer otros modelos de sociedad, con otros valores y otras prácticas, buscar alternativas a lo existente y aportar irresponsablemente a lo improbable es optar por el terrorismo de las utopías. Hoy solo cabe el sueño de los ricos que viven entre el lujo y la lujuria.

En Francia en los últimos ocho años la diferencia de renta media entre los más ricos y los más pobres ha aumentado en 4.682 euros. Indemnizaciones disparatadas a ejecutivos de empresas (Zacharias del grupo Vinci 220 millones, Daniel Bernard de Carrefour 209 millones, Jean-Marie Messier de Vivendi 20, Ray Irani de Occidental Petroleum 322, Steve Jobs de apple 647, Corcóstegui de Banesto 108, o el propio Pizarro de Endesa).

Frente a esto mil millones de personas han disminuido sus ingresos desde 1993. 1600 millones de personas viven/mueren con menos de un dólar/diario”.

¡Menudo análisis, profesor! ¡Qué poco caso te hicieron! Un año después las cifras se han disparado, y sobretodo se han disparatado.

Milton Friedman y sus secuaces de la “Escuela de Chicago” han hecho un daño terrible a la humanidad.

Murió el 16/11/2006 después de haber destrozado al mundo civilizado. Solo le podemos dar la razón en una de sus más conocidas afirmaciones “las crisis reales, o percibidas permiten el cambio verdadero”.

La crisis es real, duradera, impredecible, sin final claro, y es la auténtica oportunidad de los socialistas democráticos, del inicio de la era del “socialismo líquido” voluble, flexible y determinante.

Hasta ahora hemos conocido las recetas de reducción de impuestos, de más libre mercado, de privatización de servicios, de recortes en gasto social, de liberalización y desregulación generales. La escuela de Chicago propuso el "tratamiento de choque económico" en las economías emergentes.

Son los mismos que han puesto en marcha la máquina de imprimir dinero, de salvar paquidermos económicos, de apuntalar a jugadores de casino con el ahorro de los jubilados, de fijar tipos de interés marginales para que el diferencial de los bancos sea mayor en los préstamos.


Han perdido su oportunidad, hace falta un sector público potente, devolver al estado la posibilidad de prestar, hipotecar, financiar, invertir. Gastar en la economía de futuro, sustituir energía cara y mal distribuida, de crear nuevos derechos como el de “no ser pobre” o el de “emigrar/inmigrar”, de producir para cubrir necesidades. Situar a la sociedad al servicio del progreso colectivo, de la lucha contra la injusticia.

Diseñar en un mundo en el que las casas sean para constituir hogares y no ser meros instrumentos especulativos. Recuperar el placer del trabajo bien hecho, bien retribuido y solidario y no premiar el pelotazo.


Fluido, “líquido”, voluble y flexible, pero socialismo, que no es más que avanzar en una sociedad de hombres y mujeres más libres, más cultos, más inteligentes, más solidarios y más honrados conviviendo en un sistema económico justo en que el trabajo sea un valor esencial para distribuir la riqueza, en permanente lucha contra las desigualdades sociales, políticas y económicas. Otra vez tenemos una oportunidad que no podemos dejar pasar.

http://manolomata.blogspot.com/

jueves, 16 de julio de 2009

COHERENCIA SOCIALISTA

Diputado del PSOE avisa de que la "geometría variable" acabará "desdibujando un proyecto socialista coherente"
MADRID, 15 Jul. (EUROPA PRESS) -

El diputado nacional del PSOE José Antonio Pérez Tapias, adscrito a la corriente Izquierda Socialista, considera que la "geometría variable" que utiliza su partido para sacar adelante las iniciativas del Gobierno en las Cortes acabará "desdibujando un proyecto socialista coherente".

En un artículo de su página personal de Internet, recogido por Europa Press, el parlamentario por Granada señala que tras ir pactando proyectos con unos o con otros, el PSOE tendrá que afrontar en otoño "la prueba crucial" de los Presupuestos Generales del Estado para 2010.

"Es probable que se supere por el Gobierno, y el grupo que lo sostiene, cuyo presidente decidió acometer la legislatura en solitario, con amplia mayoría, pero a falta de siete escaños para la mayoría absoluta esos son los que se echan en falta especialmente en tiempos de crisis", explica.

En este contexto, alerta de que aún cuando la búsqueda de pactos puntuales sirve para ir "salvando" las votaciones, tiene sus riesgos: "Dejando por el camino los criterios para un guión consistente, se va desdibujando lo que debe ser un proyecto socialista coherente", aduce Pérez Tapias.

HAY "CABOS SUELTOS"

A su juicio, "con tantas oscilaciones crece el riesgo de que el relato político se vaya deshilvanando, sin que el protagonista principal pueda atar todos los cabos". Desde su punto de vista, esto ha ocurrido con la decisión sobre la central de Garoña y "parecen deshilachados en torno a la financiación autonómica, aunque pueden enhebrarse de nuevo tomando en serio la economía sostenible".

Por ello, aboga por imprimir "coherencia" a la actuación del PSOE "abandonar tan peligrosos vaivenes", máxime teniendo enfrente "una derecha que cultiva el relato de los valores patrios y la familia en peligro", con "el telón de fondo de una crisis que no da respiro" y buscando una "mayoría silenciosa, como la proporcionada por el electorado de Madrid y Valencia, que calle ante la corrupción del PP acogiendo alguna variante de la perversa idea de que es un montaje del PSOE".

domingo, 25 de enero de 2009

Adios a la sociedad opulenta - Jose Antonio Pérez Tapias

lunes 12 de enero de 2009

Los tiempos de crisis son tiempos de cambio. En tales momentos, la fuerza de los hechos obliga a transformaciones efectivas, a no ser que la sociedad que se ve cuestionada en sus estructuras adopte la estrategia suicida de bloquear la renovación de las mismas para, con ello, quedar atrapada en la dinámica de una crisis que acarreará su hundimiento. Sobran ejemplos de tan ciega actitud colectiva, asentada en el fondo sobre aquel “espejismo de la inmortalidad” que el historiador Arnold B. Toynbee detectó en civilizaciones que acabaron sucumbiendo.
Una situación de crisis económica como la que estamos viviendo, cuando ya no resulta exagerado calificarla como la más grave en un siglo, debería llevarnos a plantear en serio hacia dónde conducir los cambios necesarios. En el punto de partida tenemos una crisis económica que empezó siendo financiera y ya afecta a toda la estructura productiva de nuestra sociedad, lo cual no se afirma de un solo país, sino de una economía mundial integrada en un mercado global del que nadie queda fuera. No hace falta decir, usando expresión querida por Zapatero, que en medio de tal ‘tormenta económica’ cada cual navega como puede: cada país con sus recursos y sus déficits, cada individuo con sus posibilidades y sus carencias. Se convierte en condición común el denodado bracear contra el naufragio, a expensas de la lucidez suficiente como para tomar conciencia de que nadie se salva solo.
En los días más críticos del pasado reciente, cuando el sistema económico estuvo al borde del colapso –así lo afirman quienes con más información seguían los acontecimientos-, no faltaron las intenciones voluntariosas de acometer reformas en profundidad. No quedará en el olvido la proclama de Sarkozy convocando a la ‘refundación del capitalismo’, aunque es probable que él mismo haya archivado ya una pretensión tan exagerada como improcedente: el capitalismo no es susceptible de refundación. Por el contrario, sí está necesitado de verdadera transformación; pero no es menos cierto que las aspiraciones de muchos, a las que en su momento el presidente francés dio expresión con su grandilocuente fórmula, no van por ahí.
Cuando ya nadie podía erigirse en redivivo Dr. Pangloss para seguir predicando la doctrina, más cínica que cándida, de que, gracias al neoliberalismo, vivimos en el mejor de los mundos posibles, mensajes alternativos empezaron a abrirse camino, recuperando en muchos casos las andaderas keynesianas. Las propuestas de quien, siendo liberal, acabó en su día suministrando recetas económicas a la socialdemocracia, han vuelto a circular con todo un caudal de crédito acumulado, precisamente aquél que han perdido los dogmas de los Friedman, Hayek y compañía, tan concienzudamente aplicados desde Reagan hasta el segundo Bush, pasando por la tan recordada Dama de Hierro y el siempre fervoroso Aznar. No obstante, con todo el mérito de un rescate de Keynes que pone en primer plano la necesidad de intervención pública para orientar el mercado, de protagonismo del Estado para dinamizar la economía, sobre todo incidiendo con políticas fiscales que redunden en la activación de la demanda, hay que reparar en que el recetario puede resultar limitado ante la gravedad de la crisis, habida cuenta de cuánto ha cambiado el contexto desde mediados del siglo pasado hasta hoy.
Los límites de las propuestas keynesianas, por la izquierda aunque sin estar situado en ninguna posición extrema, ya los vio el economista estadounidense John K. Galbraith, y así lo plasmó de forma tan inteligente como elegante en su obra La sociedad opulenta. Sus páginas, desde su primera edición en 1958, brindan un incisivo análisis de hacia dónde va una sociedad que pone su salud económica en un incremento indefinido de la productividad, basada en la fabricación de bienes de consumo orientada a satisfacer una demanda masiva, estimulada por políticas diseñadas al efecto. Un proceso así espoleado tuvo, ciertamente, resultados positivos, logrando el objetivo de un incremento notable de la riqueza y el acceso de amplias capas de la población a unos bienes que les proporcionaron mayor bienestar. Le acompañó, con todo, un inconveniente: la ‘sociedad opulenta’ así conformada pasó a gravitar sobre el consumo privado de bienes, descuidando la necesaria atención a servicios públicos como educación y sanidad. Dicha opulencia no dejaba de arrastrar fuertes desigualdades, pero quedaban amortiguadas por lo que los aumentos de productividad permitían en cuanto a mejora de remuneraciones de los trabajadores para que el mismo consumo no decayera. Otra cosa distinta ocurría más allá de las fronteras que delimitaban ese desarrollo, pues la sociedad de consumo así configurada se circunscribía a los países de un mundo desarrollado que dejaba a sus espaldas el subdesarrollo de los que no podían sumarse a esa dinámica capitalista –salvo como proveedores de materias primas en un mercado muy asimétrico-.
La perspicacia de Galbraith ponía de relieve otro problema que aún se presenta con mucha más fuerza en nuestra época de globalización y de contradicciones muy tensas entre economía y ecología. Ese problema no es otro que el que entraña un proceso indefinido de estimulación de la demanda de los consumidores. ¿Se puede seguir alentando una producción para el consumo como si agua, suelo, materias primas y energía fueran recursos inagotables de una naturaleza ilimitada? A estas alturas sabemos que no, pero seguimos sin extraer todas las consecuencias de ello. Un saber convencional lo impide y, como denunciaba hace décadas el economista norteamericano, ciertos mitos obstaculizan el acometer las medidas necesarias para cambiar las cosas, como es el caso del mito del necesario crecimiento indefinido. Tampoco la izquierda se ha librado del todo de él.
La crisis está poniendo a la vista que las opulencias con las que en ciertas sociedades y clases hemos vivido hasta ahora no son prorrogables en el futuro. Ni siquiera en una economía saneada se podrían extender a todos los que pudieran ir estando en condiciones de acceder a tal cantidad de bienes de consumo. Tenemos ahí las demandas difícilmente contenibles de países emergentes como China e India. Cuando, además, nuestra sociedad ha pasado a ser de “hiperconsumo”, como la llama Gilles Lipovetsky, más urgente es reconducir un consumo que se muestra insostenible. Bien es verdad que para ello no son pertinentes, como señala el ensayista francés, estrategias políticas que aspiren a una sociedad del todo instalada en la frugalidad más rigurosa; pero no lo es menos que no podemos seguir en una ‘vida de consumo’ asentada sobre ‘el engaño, el exceso y el desperdicio’, como certeramente critica el sociólogo Zygmunt Bauman. Por eso, cuando decimos que para salir de la crisis hemos de atender, además de a las imprescindibles regulaciones del mercado financiero, al necesario cambio de modelo productivo, hemos de saber que no habrá cambio de éste si no va acompañado también de un nuevo modelo de consumo. La sociedad de la (injusta) opulencia que hemos conocido ha llegado a su fin. Si no le dijéramos ‘adiós’, no tardaríamos en vernos sumidos en crisis más graves frente a las cuales la economía no dejaría de ser una “ciencia de la desesperación”. Es lo que temía Carlyle ya en el siglo XIX, cuando Marx trató de que no fuera así.
Artículo publicado en el diario Ideal de Granada el 8 de enero de 2009